¡Dejar todo en nombre de la solidaridad!

Un chef mendocino Javier Sosa, vendió su camioneta y se fue a Cúcuta (Colombia) a trabajar por amor y coraje, con los refugiados de Venezuela afirmó en una entrevista con Radio Nihuil que “intuía que la estaban pasando mal, pero no tan mal”.

Javier Sosa nos contó cómo se encuentra en Colombia, el objetivo de su viaje y los padecimientos de la gente de Venezuela, que se escapa de su país. Dónde la disputa de Nicolás Maduro y Juan Guaidó hace estragos en el pueblo, la situación de los venezolanos es más crítica de lo que imaginamos.

“Esto surge de la necesidad de querer ayudar al prójimo y en particular a los hermanos venezolanos. Realmente estar acá es una experiencia conmovedora en todas sus facetas”, explicó.

“Es la primera vez que hago un viaje tan largo, ya que sólo había ido a Chile. Tengo hermanos en Europa que tienen restaurant desde hace 30 años. Dije lo hago y lo hago, es parte de mi locura, es parte de mi desesperación de darles un plato de comida a los venezolanos y el objetivo se está logrando”.

Curiosa decisión:

Reflexionamos y creo que ustedes también, público mendocino, tengamos en cuenta que el Sr. Sosa este ejemplo Argentino, podría haber emprendido un viaje por Europa visitando sus hermanos, grabando videos en vivo, por las pequeñas calles de veredas empedradas de la antigua Italia, o visitando la hermosa variedad culinaria de Francia. Pero no, nuestro héroe elige la aventura tomada de la mano con la extraña dama, la solidaridad.

Explica:

“Vine acá con una tarea, que es cocinar y alimentar, pero a esos se le suma darles un abrazo, compartir un ratito y compartir un tabaco. Como dicen los venezolanos y los colombianos. La idea es poder charlar a la orilla del río de la selva colombiana y hacer muchas amistades”, añadió.

Sosa, quien se dedicaba a realizar labores solidarias en Colonia Segovia, señaló desde esa ciudad colombiana: “Fui a Cúcuta, que es la frontera colombiano-venezolana por donde pasan todos los venezolanos. Hay un río, que ellos le llaman La Trocha, que cuando no viene crecido los venezolanos pasan por ahí u no por el puente”.

Aportó más detalles: “Hice un ollón de 170 litros con 400 viandas a la orilla del río a leña, porque el refugio a veces se queda sin gas. Me siento identificado con el refugio porque padece lo mismo que yo sufría en Colonia Segovia”.

“La idea es atacar la desnutrición infantil y adulta con 10 recetas de campaña. He tratado de capacitar a los voluntarios. Es impresionante la voluntad de esta gente: están cuatro días para llegar al refugio y llegan cansados”, contó.

“No entiendo nada de política, esto no es en contra de Maduro, no es a favor de Guaidó ni de Donald Trump, esto es a favor de la humanidad. Mi objetivo es darle un plato de comida a quien lo necesita”, enfatizó.

“Acá no hay un día en que no llorés. Es imposible que no te involucres. Acá ves madres embarazadas descalzas con niños de 2 años en sus brazos en la ruta, que es peligrosísima. El otro día llegó una chica con los pies ampollados a la que se le había salido la uña”, dijo.

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