Bienvenido omega 3.

 Hace algunos años ha tomado un gran auge en el campo de la nutrición, de la medicina, el efecto benéfico que tiene el consumir los ácidos grasos omega 3 en la salud humana. Actualmente, encontramos una gran variedad de suplementos en cápsulas con omega 3, incluso junto con vitaminas, minerales y otras sustancias; además de diversos alimentos fortificados con omega 3.

Ciertas investigaciones científicas demuestran que el consumir las dosis indicadas de estos ácidos grasos podría tener un efecto benéfico en enfermedades como lupus eritematoso, diabetes mellitus tipo 2, cáncer, arterioesclerosis, hiperlipidemia, síndrome metabólico, entre otras. Debido a la importancia de su efecto benéfico en enfermedades cardiovasculares diferentes asociaciones internacionales emitieron sus recomendaciones para su consumo, se hizo incluso promoción de productos adicionados con omega 3.

Los primeros estudios acerca del Omega 3 datan de los años 50, veamos el caso de Alaska. En el momento que estas comunidades incorporaron alimentos tales como bebidas azucaradas, alimentos procesados y enlatados, entre otros aparecieron cambios en las prevalencias de las enfermedades crónico-degenerativas derivado del cambio en su dieta habitual. No obstante, en estas mismas investigaciones, se indicó que estas prevalencias no llegaron a ser tan altas debido al alto consumo de pescado en la dieta. Con estas evidencias se destacó la importancia de consumir las cantidades adecuadas de estos ácidos grasos y su relevancia para prevenir enfermedades en diferentes poblaciones del mundo.

Que son los famosos Omega 3

Los ácidos grasos omega 3 son ácidos grasos polinsaturados que se encuentran en tres principales formas en los alimentos (convengamos que suena muy químico, pero es apasionante) ácido eicosapentaenoico (20:5 omega 3, EPA), ácido docosahexaenoico (22:6 omega 3, DHA) y alfa linolénico (18:3 omega 3, a-ALA). Las formas EPA y DHA se pueden encontrar en los aceites de pescados que viven principalmente en aguas frías como el salmón, atún, sardinas, entre otras variedades. En países de Oriente, que tienen un alto consumo de algas, son otra fuente importante de altas cantidades de DHA y EPA. En cuanto a la forma ALA, se puede encontrar en algunos aceites vegetales, chía, nueces, y aceitunas.

Entonces EPA, DHA y ALA son ácidos grasos esenciales, esto qué significa, que hay que ingerirlos por la dieta, ya que el organismo no los sintetiza. En la mayoría de las investigaciones en humanos son las variedades EPA y DHA las que han demostrado tener mayores efectos en comparación con la forma ALA (vegetal).

Para ponerlo en simples palabras, para tener una acción positiva sobre tus arterias, mejorar el funcionamiento de tu corazón, la elasticidad de tus vasos sanguíneos, prevenir la hipertensión, el síndrome metabólico, y estas enfermedades que lejos de ser contagiosas, son crónicas y no transmisibles, el consumo de pescados de aguas profundas debe aumentar en nuestra dieta, sobre todo en Mendoza, donde la ingesta se aleja mucho de la dieta Mediterránea, entonces, ahora que sabes esto es imprescindible generar un cambio en las compras, para tu heladera, además, incorpora nueces, no lo olvides, las semillas de Chía son buenas, pero recuerda que el aporte de omega de los vegetales, tiene un impacto menor sobre nuestro organismo.

Fuente 1: Revista Chilena de Nutrición
Fuente 2: Grasas y Aceites Vol. 54. Fasc. 4 (2003), 371-377

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