La alimentación humana, ha sufrido cambios con el paso del tiempo, no es difícil imaginar cómo los hombres en la antigüedad, no tenían un refrigerador abarrotado de alimentos, no podían comer a cualquier hora el plato que se les ocurriera, por lo tanto esas horas de larga caminata, para encontrar un animal, para cazar y devorar, se reflejaba en sus cuerpos esbeltos, en su musculatura esculpida; se trataba de la dieta paleolítica.

Pues ahora, en tiempos actuales gracias a los avances tecnológicos en la producción de alimentos, la agricultura y la crianza de animales fueron la base para esa transformación que se ha acelerado abruptamente en los últimos años, con el desarrollo constante de la “tecnología” a un paso abismal, que incluso ha sido capaz de modificar la genética, para un beneficio particular, y netamente económico.

Entonces la aparición de alimentos de “laboratorio” y su globalización son coincidentes con sobrealimentación y con un conjunto de cambios adaptativos que, instalados permanentemente, se convirtieron en las afecciones metabólicas conocidas en conjunto como “síndrome de civilización”. Si las calorías que en estos tiempos consumimos, sobrepasan ampliamente el requerimiento necesario para las funciones vitales, es de esperarse por lógica que se deposite el excedente, en nuestras caderas, en la zona abdominal, si solo se tratara de una cuestión estética, el problema sería desde un punto de vista visual, importante, para todas las damas en mayor número que para los hombres, pero la verdad yace en que este desequilibrio atenta contra la vida de poblaciones enteras.

 En  las dietas científicas suelen contemplar la inclusión de ese tipo de comestibles caracterizados por su pobreza en agua y/o por sus agregados, condiciones ajenas a los alimentos “naturales”.

Pues entonces aquí te damos un pantallazo de los alimentos indicados, para volver a nuestra dieta natural por excelencia, y hacemos hincapié en los que la alteran.

Esta dieta, la Paleolítica, que hoy se percibe como una moda es nada mas ni nada menos que volver siglos atrás buscando un patrón de alimentación, que existía y que nos invita a preguntarnos qué comían estos individuos, que se alejaban en su metabolismo de la Obesidad.

Entonces al remontarnos vemos que, para organismos incapaces de aprovechar de manera directa el calor, la luz u otras formas de energía, como los humanos, los vegetales fueron clave para la provisión de energía.

Aunque existieron también Venus obesas, sus estatuillas datan de 25000 años atrás, eran sinónimo de poder, de riqueza, ya que recolectaban alimentos para ellas, y la obesidad de sus cuerpos, reflejaba abundancia, jerarquía, estos fueron algunos pequeños grupos.

Los modelos corpóreos de los hombres en la actualidad cambiaron, la “vigorexia”, conectada con la musculatura de los héroes actuales, cambia cualquier estética fofa, por cuerpos marcados, musculatura tan desarrollada que ni siquiera sirve para las necesidades mecánicas de la vida real.

Para el modelo actual, que se adoptó gracias a la influencia de los medios de comunicación, llevar un abdomen prominente, ya no indica prosperidad, sino impotencia, negligencia y hasta decadencia.

Las características fundamentales, de este modelo dietético, del Paleolítico, se traduce en la disponibilidad de proteínas, relativa pobreza de carbohidratos, grasas y ausencia de sal.

Los Cro- Magnon reemplazaron a los Neanderthales hace unos 35000 años. En las épocas más frias su dieta era rica en proteínas y casi libre de carbohidratos, esa escasa cantidad obtenían del hígado, y del intestino de los animales que cazaban, de raíces y de frutas estacionales.

El marco de la evolución humana, radicó en una dieta rica en proteínas acompañadas de unos 10 a 125 gr/día de carbohidratos de lenta absorción. Estos valores concuerdan más con los 80 gr que produce la gluconeogénesis y con los 100 de las actuales recomendaciones americanas, que con los 300 o más que prescriben las dietas científicas actuales. Es que incluso de pensarlo 300 gramos de carbohidratos al día, combinados con un sedentarismo atroz lleva directo al desarrollo de una gordura inevitable.

Las propiedades saludables de la nutrición paleolítica derivan de la adaptación de los genes a los alimentos a través de una interacción perfeccionada durante millones de años.

Esta dieta se basa en alimentos que pueden ser obtenidos mediante la caza, la pesca o la recolección; como huevos, insectos, frutas, nueces, semillas, vegetales, hongos, hierbas, especies y restos de animales. Esta alimentación carecía de los alimentos que aparecieron en el periodo neolítico, caracterizado por la progresiva disponibilidad de granos, legumbres, guisantes, sal, azúcares refinados y aceites procesados.

La riqueza de alcalinizantes, antioxidante y fitoquímicos de frutas y hortaliza complementaban a los alimentos de origen animal, aportando potasio y otros minerales, vitaminas y fibras con escasos carbohidratos, de lenta absorción.

Las frutas secas por su elevada concentración de minerales, fibras total y soluble y ácidos grasos mono y poliinsaturados omega 3 (w-3), son especialmente beneficiosas para el aparato cardiovascular.

Para concluir, si hubieran existido nutricionistas hace dos millones de años, hubieran calificado a la dieta científica normal, dieta que prescriben médicos y nutricionistas de occidente, como una dieta Hiperhidrocarbonada. La que es ideal para los esquimales.

Queda aún por aprender, para poder asegurar las características de la dieta ideal para la especie humana. Si es que esta existe.

 

 

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