EL ARTE MALO

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IMAGEN Y EXTRACTO DE UNA VERSION DE LA OBRA DE TEATRO “ESPERANDO A GODOT”, DE SAMUEL BECKETT.

El arte Malo, es un texto filosófico, que logrará hacerte reflexionar, sobre muchos personajes, sobre la decadencia de las obras, que el público decide aplaudir, y también marca el desafío constante de provocar al público con una obra diferente, osada, original. 

ESTRAGON- Vámonos.

VLADIMIR- No podemos.

ESTRAGON- ¿Por qué?

VLADIMIR- Esperamos a Godot.

  Este clásico del Teatro del Absurdo, relata la vida de dos vagabundos, Vladimir y Estragón, que atravesados por el espacio y su tiempo, esperan por la llegada de un personaje totalmente incierto, desconocido, casi anónimo, llamado Godot, con el fin de concretar una cita y comunicarles sobre  un asunto de no se sabe que. Entre esa eterna espera, entre ese tiempo interminable, con una arquitectura que se construye y re-construye con el propio lenguaje que hace al territorio, se suceden distintas situaciones. Entre ellas, discusiones sin sentido ni totalidad, diálogos excéntricos ocultando una cultura históricamente castrada, y personajes desvariados de toda estética convencional.

 Durante el transcurso de la obra, se hacen presentes una variedad personajes que van erigiendo a la obra. Un hombre con abultadas maletas conduciendo a otro una con una soga atada al cuello que relata textos marxistas y vomitivos de una forma aligerada y poco formal, y más tarde, una persona joven, casi un niño, con genero indeterminado, que mandado aparentemente por Godot, les dice “que no vendrá hoy, pero mañana si”.

 ¿Quién es Godot? ¿A que remite su espera? Vladimir y Estragón, ¿no son acaso el reflejo de una sociedad profundamente paternalista (o agarrado de la teta de una Gran Madre), de una sociedad que intenta sostenerse sobre lo hecho, sobre lo inventado porque le genera demasiado tiempo, conflicto y desapego crear nuevas ideas? Partiendo de la idea Lacaniana sobre que el Deseo es la Carencia del Ser, ¿Godot no es acaso no sólo la espera sino la construcción de la carencia, el indicio del deseo? Si se espera a Godot, ¿no se produce una carencia en los sujetos que lo esperan? Y si Godot representa mi carencia, ¿no representa acaso, la diferencia? Una carencia, ¿no es acaso la afirmación de una falta, algo que me diferencia, algo que me singulariza como sujeto incompleto, como sujeto diferente? Entonces, ¿Godot no es acaso lo que produce mi carencia y de alguna forma me reconoce como sujeto  incompleto? Estos Vagabundos, ¿son el Yo-Conciliado, que se estructura por las demandas de un tal Godot, magnificado como sujeto que me sujeta y acomoda en la identidad demandada?

 Godot, ¿un Culto a la Civilización?

 Godot es objeto interminable de preguntas por su existencia y representación, interpretación y re-interpretación que su espera genera. Porque el ser humano, en la espera, especula sobre lo invisible, sobre lo inalcanzable para intentar sopesar su angustia. Y lo angustia, no solamente no poder tener todo lo que desea, sino el no ser deseado por lo que desea. Mientras menos soy reconocido como deseo, aumenta el abismo de carencia y angustia. Por y para ello, es tiempo de generar un nuevo tipo de falta pero contraponiendo al deseo contemporáneo. Un deseo que moleste y produzca maldad, en términos de lenguaje y sentido, es decir, intentando materializar el discurso, profanando la Moral /Razón Imperante. Porque provocar un nuevo lenguaje, como apertura a lo Otro, ese Otro escondido, ese Otro casi invisible en la oscuridad, como un bulto vestido de negro para clamar su muerte o quizás algo que nunca existió, es hacer uso casi indebido del cuerpo como faltante en un espacio-temporal y generar un punto de quiebre entre lo que se dice y lo que se está por decir.

 Godot, es como un Cristo en la Edad Media, justo redentor de nuestras culpas, herencia que quiere desprenderse como un reloj ancho de la muñeca. Son los rostros rasgados, ojos que se derriten como lava sobre la calle de un Jesús dibujado en la prensa oficialista de principios de la Modernidad. Como dice Nietzsche, hacer de la culpa, una deuda, y como tal, un deseo social, una carencia interminable, impagable. Godot es como un Cristo dibujado en la masa donde sus labios representan e interpretan el lenguaje abocado de la ley, esa moral que usa el Estado no como enemigo a muerte de los sectores privado más concentrados, sino como representante e intermediario directo de estos grandes capitales, envistiendo de ropajes culposos para vestir el sufrimiento en Gloria y hacer del cuerpo del sujeto, reflejo culpable y absoluto de la ausencia de la voluntad. Cristo (God)ot, organismo lánguido, casi esculpido, casi trabajado en una fábrica, que se enviste como maniquí en el comercio. Es deseo, morir por la muerte de él. Es deseo, corregir su llanto y hacer consumo y plusvalía con su figura. Se hace deseo, se hace necesidad, se hace consumo, sufrir su muerte, empobrecer el cuerpo. Es la culpa cristiana, la ideología del deseo contemporáneo. Yo deseo, lo que el Otro (ese Yo conciliado en la identidad demandada), me genera falta, deuda y culpa, como Dionisio encadenado por Apolo. Si yo tengo culpa, tengo algo que corregir. Yo deseo corregir su muerte. ¿Y cómo corregir algo que está muerto? ¿Cómo corregir lo que no existe? ¿Acaso no es hacer del cuerpo del sujeto una deuda impagable que cargue sobre sus espaldas como un camello, durante toda su vida? ¿Y por que deseamos lo que la cultura históricamente cristiana desea? ¿Es nuestro deseo? Y si por si acaso, como dice Nietzsche, vemos en esa culpa, un retroceso, un desprecio al cuerpo, una ofensa al precio de ser reconocido como sujeto solitario y excluido.

 Hacia un Arte Malo

 El sujeto es sujeto, porque tiende a sujetar y ser sujetado. Entonces, ¿el ser humano, necesita sujetarse en un Otro, como diferencia porque lo que se reconoce como diferencia, es lo que se diferencia de mí y produce mi carencia? La carencia, ¿no es acaso construir deseo? ¿Crear carencia es crear deseo? Un ser humano no deseado, ¿es un sujeto indiferente y moribundo, porque no genera carencia? A las personas, ¿les duele más no producir carencia en otro que sufrir una carencia por sí mismos? Al ser humano, ¿le cuesta dejar de ser deseado, le cuesta dejar de ser extrañado, porque no existe lo que no se desea?

 Mercè Rodoreda, literata española, dice en su cuento “Amor”: “La culpa de todo la tiene el exceso de confianza”. Esa idea de completud, de algo cerrado como un objeto duro y pesado que se hunde en el barro, bajo la tierra para quedarse como banquete para los gusanos. Algo sin desconfianza es algo indiferente, algo frio e insensible. Algo muerto. Por eso la desconfianza, la carencia, construye deseo, edifica movimiento. Porque cuando se desconfía de las relaciones, se desconfía de uno mismo puesto y asumido como sujeto en el vinculo. Y la desconfianza es asumir una falta, formar un cuerpo que carece de algo y a partir de eso, potencia el impulso y la acción. El sujeto creativo que no tiende al movimiento, que no asume la falta y la carencia como indicio al movimiento y la acción, tiende no solo a ser controlado y opacado por lo político, por lo ya pensado, también intenta controlar, ocultar y anular lo que tiende a fugarse. “Sin Eros, no hay Civilización”. Porque el concepto de Civilización, es civilizar y territorializar, tanto los cuerpos ya conquistados como cuerpos a conquistar. Si no hay nada por civilizar, la Civilización se termina, se muere y con todo Ello también, el deseo.

 Y si Godot fuera ese fantasma inalcanzable, ese gerente intangible. Y si Vladimir y Estragón, fueran a buscarlos como dos Edipos, con sus llantos de fuego, con las lenguas pesadas, con los labios arrugados como un papel macheteado, en busca de otra verdad. Y si por si acaso, como dice Manuel Mujica Laínez en su cuento “El Vagamundo”, hablando sobre lo que esconde “El Restaurador”, entre tanta moda atractiva, con el olor encantador de ganado muerto, las alfombras rojas sobre el cemento barato, y la chusma cercando para que no pase el enemigo, de rodillas en la tierra, convaleciente, adornado con un beso devoto, su paladar y ardiente hocico pestilente, aullando como un animal triste y hambriento, como animal pedigüeño escapando para no ser devorado por su propio apetito. ¿Qué esconderá ese Godot inalcanzable, con ese discurso siniestro y farsante cortejando el aposento de la plebe? ¿Y si estos dos Vagamundos, decidieran ignorarlo, huirle de su espera, porque hay poderes que generan la espera, riendo a carcajadas, sonriendo  en jolgorios musicales con tambores coqueteando al suelo, y fueran a buscar otro territorio, otra tierra que conquistar para intentar sacarle territorio(Suprimir el Deseo) a Godot? ¿Y si por si acaso, estos dos personajes, lo fueran matando de a poquito, reduciendo a 0 su importancia y su fuerza? ¿Y si se dudara de su existencia? ¿Seguirían deseando? O por el contrario, ¿es la duda la construcción incipiente del deseo? Y si Godot, ¿no fuese algo del todo tangible, sino un fantasma que especula sobre el objeto deseado, sobre el Yo conciliado, que se sostiene sobre el Dualismo Platónico, esa diferencia platónica entre el Ser y el No-Ser, ese abismo sustancial entre dos mundos aparentemente  irreconciliables, sobre dos mundos, que estructurado en dos estados, se hacen intocables, irreformables, sin espacio, ni tiempo, sin saber, ni poder?

 “Esperando a Godot” es el Arte Malo, porque el Arte Malo es ficción que quiere hacer extirparle la piel a la realidad, torturarla sacándole sus uñas con dos tenazas fundidas. El Arte Malo es literatura que intenta hacerse carne que sangra, es un cuerpo empujando como cabeza grande sobre un hueco angosto de un rancho para ocupar espacios donde fastidiar. Porque los cuerpos que generan carencia, producen deseo, fabrican molestia. No puedo desear lo que no me genera carencia o sobre lo que no existe. Porque el Arte Malo, intenta desprenderse de lo hecho, es una actitud expresionista ante lo ya creado en materia creativa-científica. El Arte Malo, debe ser el des-prendimiento del propio Sujeto sobre la Cultura pero no para esquivarla o escaparse, esa estupidez nihilista de muchos ¿escritores? contemporáneos, sino muy por el contrario, es pararse sobre la tierra aunque sea lodo, para combatirla a martillazos. Cuando el Arte Malo genera deseo, genera carencia y genera incomodidad. Eso es Arte Malo. Esperando a Godot es Arte Malo. Pero no es Arte Malo como algo individual que des-sujetado de todo actúa por sí mismo. Actúa con el Otro, el Arte Bueno. Ese que se reconoce entre las masas y escribe sobre lo ya pensado, sobre lo políticamente correcto. Ese que se hace llamar arte político y comprometido. El Arte Malo, lo niega. Pero se reconoce en este Otro Arte, el Arte Bueno. El Arte Malo es la negación misma del Arte Bueno. Esa bondad siniestra, esa verdad que se jacta con laureles y caricias de los culos donde las sillas se acomodan. Es Arte Bueno, porque como su lenguaje acota, es como un automóvil, que corta el tiempo, lo desaparece, no desacomoda, no interfiere sobre los sentidos, es seguro de su aplauso, no por el hecho de ser bueno sea sinónimo de calidad, sino que es bueno porque es producto de lo que se dice y escucha y como tal, genera provecho y satisfacción. El Arte Bueno, es producto lucrativo que la cultura genera. Porque el Arte para salirse de su estado Yoico Científico-Contemporáneo-Imperante, no debe ser el reflejo de la sociedad que habita y existe, como un mero objeto que habita ahí determinando la acción, haciendo del mismo organismo un bulto predecible y cerrado, sino la negación a lo ya pensado.

 Sin desconocer las condiciones objetivas y materiales que nos atraviesan, se debe proponer una contra-propuesta al saber imperante. Justamente, porque el Arte Malo, es aún desconocido, cuesta masticarlo, debe costar asimilarlo al cuerpo. El Arte Malo hace del cuerpo, la afirmación de una falta, de una carencia, de un nuevo deseo. Hacer Arte Malo es hacer de nuestra propia belleza, de nuestro propio gusto estético, un conflicto interno que llegue a exteriorizar el buen gusto, incluso el buen gusto propio. Arte Malo es hacer uso terco de nuestra razón y experiencia, hacer que esta duela su historia, contra-poniendo a esa experiencia que muchas veces actúa más como preventora que como acto Dialectico, más como policía de la materia que como movimiento que escarba sobre la castración de los lenguajes dominantes como un si un Funes, memorioso, venga a golpearnos la puerta para recordarnos por quién y para quién morir. Porque justamente la carencia, la afirmación de una falta, es la apertura hacia lo Otro, hacia lo desconocido, que puede ser invisible o estar invisibilizado por la misma razón, y la experiencia que lo sujeta. Porque se puede hablar de lo que no existe, de lo invisible, que se esconde tras un velo a veces deformado, a veces irracional, a veces irreal. Por eso y para Ellos, hagamos Arte Malo.

 ESTRAGON- Vámonos.

VLADIMIR- No podemos.

ESTRAGON- ¿Por qué?

VLADIMIR- Esperamos a Godot.

ESTRAGON- No podemos.

VLADIMIR- ¿Qué no podemos?

ESTRAGON- Esperarlo.

VLADIMIR- ¿Por qué?

ESTRAGON- Lo hemos matado.

 JUAMPA LOPEZ

TEATRERO

 

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